Estos conocen el poder de los símbolos, salvo que esos símbolos suelen referirse a los mismos dictadores. Y, para llevar la analogía un poco más allá, la manera en que los dictadores mantienen su poder es a través del miedo, la recompensa y todas las demás manipulaciones que se les puedan ocurrir. Tenemos que reparar a las víctimas, una democracia digna no puede honrar a los agresores sexuales», advirtió Berja, que ha pedido que se les deje de reconocer como «héroes o dioses» y que los espacios públicos se conviertan en una «oportunidad» para lanzar un mensaje a las generaciones más jóvenes de a quienes hay que «perpetuar como personas de referencia».